Castro-Castalia Bullmastiffs

El Pastor del Pirineo, Castro-Castalia Bullmastiffs
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El Pastor del Pirineo, Castro-Castalia Bullmastiffs

El Pastor del Pirineo, Castro-Castalia Bullmastiffs

Pica-Pica de Castro-Castalia

Tratándose de un perro de pastor, es lógico pensar que en primera instancia se muestre relativamente desconfiando con los extraños y de hecho esta es una característica muy común en la raza. 

Tampoco debe sorprendernos que se trate de un animal relativamente dominante, acostumbrado como está desde siempre a conducir el ganado y menos aún habrá de sorprendernos su carácter activo e incansable, porque todo ello es propio de perros que viven al aire libre y que están destinados, por naturaleza, a trabajar de sol a sol, todos los días del año.

A la vista de todo lo anterior estamos en presencia de un perro muy deportista y dinámico, infatigable, sumamente inteligente, siempre alerta,  y muy autoritario, y todo esto justifica que no sea un perro para todo el mundo y explica que salvo que cuente con una dilatada y cuidadosa socialización por parte del criador que quiera dedicarlo a perro de compañía, no es esa desde luego su principal aptitud, pues indudablemente se trata por encima de cualquier otra cosa, de un perro de trabajo.

Para sentirse a gusto y para dar lo mejor de sí mismo, necesita hacer mucho ejercicio y requiere un amo más autoritario que él, capaz de someterlo y hacerle comprender quién manda.

No soporta la soledad y no tolera el confinamiento en los espacios pequeños, todo lo cual explica que este no sea un perro adecuado para propietarios que viven en ciudad o en un chalet de los alrededores y que pasan muchas horas fuera de casa, sin poder dedicarle al animal la suficiente atención. Más bien se trata de un perro que requiere un propietario capaz de dedicarle varias horas al día para sacarlo a paseo, a correr por el campo y mejor aún a desarrollar sus múltiples aptitudes en un campo de entrenamiento de Agility, de Pistaje o de Obediencia. Mejor aún, ¡ las tres cosas juntas !

Tampoco le hace ascos a unas cuantas sesiones semanales (mejor aún si son diarias) de jogging o de bicicleta acompañando a su amo a buen paso. Al fin y al cabo para justificar toda esta energía vital de que hace gala basta con decir que en su hábitat tradicional un sólo PdP conduce habitualmente un rebaño de hasta 200 o 250 ovejas durante doce horas diarias.

Pero el PdP es además un perro bastante ladrador, excitable y que tiene bastante facilidad para morder cuando se pone nervioso, características estas que explican que su tenencia en el seno de una familia con muchos hijos pequeños no sea excesivamente recomendable, si previamente no se le ha educado y socializado convenientemente. A propósito de su facilidad para emplear la boca, hay sin embargo que hacer una salvedad y es que precisamente por tratarse de un perro conductor de ganado, no muerde con saña sino que de natural más bien usa los incisivos para pellizcar los corvejones y la pantorrilla de la oveja o del cordero que se separa del grupo y reconducirlo, sin hacer presa, pues de lo contrario podría dañar al animal extraviado.

Si hubiéramos de definir su carácter y personalidad en pocas palabras bastaría con decir que este es un perro que quiere estar en todas partes a la vez (never misses what is going on).  Algo cabezota, bastante dominante, lleno de vitalidad, alegre y enérgico y bastante escandaloso, pero también sumamente fiel, obediente –toda vez que aprende lo que se espera de él—y totalmente entregado  y devoto a su dueño.

  • Cabezota, activo, mordedor y ladrador, son las características que le han permitido al PdP, el más pequeño de los pastores franceses, imponerse ante rebaños de más de 200 ovejas. Pero estas mismas características que le permiten destacar en trabajo, se convierten en una auténtica pesadilla para un perro que ha de vivir en familia, alejado de su hábitat tradicional.
  • Por eso es esencial poner en marcha, desde el momento en que el cachorro llega a casa, una serie de mecanismos para evitar que desarrolle esas indeseables características. Y para ello es imprescindible.
  • No dejarle salirse nunca con la suya; ejercer una fuerte dominación sobre el animal desde el primer día y no relegar a segundo plano su educación en obediencia, que debe ser constante. Durante la etapa de cachorro, hasta los 12 meses, el PdP no puede ser dejado al cuidado de los niños de la casa, a los que enseguida dominaría con consecuencias poco satisfactorias.
  • Demostrarle que es “necesario”, enseñarle todos los trucos posibles y premiarle cuando haga las cosas bien, para que se sienta útil, nunca frustrado. Un PdP aburrido y desocupado, será un animal irritable, destructivo y poco grato para la compañía.
  • No permitir jamás que mordisquee manos, pies, bajos de pantalones, mangas, etc. mientras juega o pretende llamar nuestra atención, para no incentivar ese instinto atávico que le es tan útil en la montaña.
  • En el momento en que emita un ladrido, interrumpírselo con una orden de NO y desviar su atención hacia cualquier otra actividad, para evitar que desarrolle ese otro instinto atávico.

Una anécdota que habla de su extraordinaria inteligencia y apego al amo, cuenta la aventura de un PdP finlandés de cuatro años, cuya dueña decidió salir unos días de vacaciones y dejarlo al cuidado de su madre que vivía a doscientos cincuenta kilómetros de Helsinki. Tomaron el autobús, viajaron durante casi cuatro horas y llegaron a su destino, dónde el perro ya había estado varias veces.  Trascurridos cinco o seis días desde su llegada a casa de su “abuela humana”, el animal que de por sí era bastante nervioso y desconfiado ante situaciones nuevas, se vio rodeado de una serie de circunstancias que pudieron con su paciencia; una tormenta atroz que duró varios horas, unos aviones militares haciendo vuelos bajos y el jardinero podando los árboles con una sierra mecánica.

Harto de tanto ruido, el perro desapareció. La “abuela” horrorizada lo buscó por todas partes y finalmente decidió interrumpir las vacaciones de su hija para avisarle de lo sucedido. Asustada ante la perspectiva de perder a su perro para siempre, se fue enseguida a tomar un bus para regresar a casa de su madre y mientras esperaba una conexión en la  Estación Central de Helsinki, escuchó cómo varios conductores y pasajeros comentaban sorprendidos y entusiasmados los ires y venires de un perrito peludo y de pequeño tamaño que había viajado solo desde el norte hasta Helsinki, en un autobús.

Decidió investigar la historia y se quedó de piedra cuando al escuchar los detalles comprendió que se trataba de su perro. La aventura del pequeño PdP viajero terminó bien y pocos minutos después estaban de nuevo reunidos, rumbo a su casa, después de telefonear a la “abuela” para tranquilizarla.

Un dato interesante es que el perro había sido capaz de tomar el mismo autobús, seis días después de su viaje inicial, y con su extraordinario olfato supo que ese y no otro es el que le llevaría de regreso a Helsinki; y esto a pesar de que como es de suponer, el bus había sido aspirado y limpio tras cada uno de los trayectos, por lo que el rastro oloroso estaba lógicamente muy mitigado.

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(Texto original, escrito por Christina de Lima-Netto y/o Federico Baudin específicamente para esta página Web y protegido con Copyright. No puede ser reproducido ni total ni parcialmente por ningún medio, sin el expreso consentimiento de Castro-Castalia por escrito)

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